La siesta, el volumen cerebral y la posibilidad de retrasar el envejecimiento
La siesta es una práctica común en muchas culturas y se ha celebrado por su gran cantidad de beneficios: mejora el estado de ánimo, aumenta el estado de alerta y potencia el rendimiento cognitivo. Muchos de nosotros hemos experimentado la claridad y concentración que puede proporcionar una breve siesta cuando nos sentimos aturdidos o fatigados.
Sin embargo, parece que las ventajas de la siesta son mucho mayores:
Investigaciones médicas recientes han revelado que la siesta tiene un efecto positivo en la estructura de nuestro cerebro.

Aunque pueda parecer poco convencional, los estudios científicos están descubriendo conexiones entre la siesta y el volumen cerebral. Los investigadores esperan descubrir que incluir siestas regulares en nuestras ajetreadas vidas podría ralentizar el encogimiento cerebral a medida que envejecemos y reducir el riesgo de demencia y otras enfermedades.
Siesta, volumen cerebral y salud cognitiva
En primer lugar, es esencial comprender la importancia del volumen cerebral.
El volumen cerebral se refiere al tamaño total del cerebro, y está estrechamente relacionado con la salud cognitiva. Un mayor volumen cerebral suele asociarse a una mejor función cognitiva y memoria. Por otro lado, la reducción del volumen cerebral es una característica común de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y suele ser un indicador de deterioro cognitivo.
La idea de que la siesta podría afectar al volumen cerebral surgió de una serie de estudios que examinaron el impacto de los patrones de sueño en el cerebro. Estos estudios(uno de ellos publicado en Sleep Health puede consultarse aquí) descubrieron que las personas que dormían regularmente siestas cortas durante el día tendían a tener un volumen cerebral más importante que las que no dormían la siesta o lo hacían con poca frecuencia. El aumento del volumen cerebral fue especialmente notable en las regiones del cerebro relacionadas con la memoria y la función cognitiva.
Una posible explicación de esta relación es que la siesta mejora la calidad general del sueño. Cuando dormimos la siesta, entramos en una fase de sueño más ligero, que puede ayudar a consolidar los recuerdos y mejorar los procesos cognitivos. Esta mejora de la calidad del sueño puede tener beneficios a largo plazo para la salud cerebral, lo que se traduce en un aumento del volumen cerebral.
Otra teoría sugiere que la siesta puede reducir el estrés y la inflamación, que se han relacionado con la atrofia cerebral y el deterioro cognitivo. Por lo tanto, la siesta podría ayudar a contrarrestar estos efectos negativos, preservando en última instancia el volumen cerebral.
Es importante señalar que aún no se conocen con exactitud los mecanismos que subyacen a la relación entre la siesta y el volumen cerebral. Sin embargo, los resultados iniciales de la investigación son prometedores y sugieren que la siesta puede ser una forma sencilla y eficaz de favorecer la salud cerebral.
(Aquí encontrará más información sobre las tendencias actuales de la investigación).
La siesta y el aumento del volumen cerebral: Cómo empezar
Si quieres aprovechar los beneficios de la siesta para el cerebro, aquí tienes algunas sugerencias útiles:
- Las siestas deben durar entre 20 y 30 minutos para evitar el aturdimiento y las interferencias con el sueño nocturno.
- El momento ideal para la siesta suele ser a primera o media tarde, cuando la mayoría de la gente experimenta un descenso natural de los niveles de energía.
- Busca un lugar tranquilo, oscuro y cómodo para dormir la siesta. Utilice tapones para los oídos o una máscara para los ojos si es necesario.
- Establezca una rutina durmiendo la siesta a la misma hora todos los días.
- Si te sientes cansado y necesitas una siesta, no lo ignores, porque es probable que tu cuerpo te esté indicando que un breve descanso podría ser beneficioso.
Las nuevas investigaciones que relacionan las siestas con el volumen cerebral son tan apasionantes como prometedoras. Aunque se necesitan más estudios para comprender plenamente los mecanismos que intervienen en esta relación, la idea de que una siesta corta puede contribuir potencialmente a mejorar la salud del cerebro es una razón de peso para abrazar la antigua tradición de la siesta.
La próxima vez que se le antoje echarse una siesta, sepa que podría estar haciendo algo más que recargar energía: también podría estar dando un empujoncito útil a su cerebro.
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